miércoles, 9 de noviembre de 2011

El orgullo por los suelos

Y nada más existió hasta el próximo tren para mí. Quería demostrar a mi mujer que sería capaz de encargarme de la casa. Senté al peque para desayunar y aproveche para poner la lavadora, mientras él apañaba comida a sus Playmobil. Ya en el baño se distrajo con el gel mientras le prepara sus ropas, cuando regrese no lo encontraba ente la puma. Al sacar la ropa lavada note que se había desteñido, y grite “mi mujer me mata”. Ya en la estación mi mujer había retornado sonriente y dijo.

-Cariño, he conseguido el empleo ¿Me has echado de menos?

-Casi nada. Respondí asustado recordando que había olvidado apagar el horno

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