sábado, 25 de septiembre de 2010

Soledad

A paso lento me encaminaba hasta la estación donde debía coger mi tren hacia un destino incierto. Rebuscaba entre la gente un motivo para no partir, la inquietud me asfixiaba al acercarme al andén y mis pasos se ralentizaban.
Veía como la gente se movía con prisa a mí alrededor. El reloj marca las seis mientras la última llamada por megafonía anunciaba que mi tren salía. Indeciso posé mi pie en el escalón y miré hacia atrás recordando que allí dejaba la historia de mi vida y nadie me despedía, tras setenta años volvía sobre mis pasos. (M. Cas)

A tiempo

Con sigilo y excitada salgo de casa. Hoy es diferente. Subo al coche y recorro los primeros kilómetros. No he dormido bien y mi nervios aumentan. !Sorpresa! Un atasco. Aprovecho para comprobar que he cogido los billetes; Sí.
Comenzamos a movernos, acelero mientras pienso que el reloj no para. Me falla hasta el aparcamiento pero ya estoy en el asiento 9c coche quince. Durante el camino dudo si he hecho bien, pero al llegar a Atocha veo entre la multitud unos ojos que me miran fijamente. Le reconozco y supe que aquí empezaba otro viaje.