miércoles, 9 de noviembre de 2011

El orgullo por los suelos

Y nada más existió hasta el próximo tren para mí. Quería demostrar a mi mujer que sería capaz de encargarme de la casa. Senté al peque para desayunar y aproveche para poner la lavadora, mientras él apañaba comida a sus Playmobil. Ya en el baño se distrajo con el gel mientras le prepara sus ropas, cuando regrese no lo encontraba ente la puma. Al sacar la ropa lavada note que se había desteñido, y grite “mi mujer me mata”. Ya en la estación mi mujer había retornado sonriente y dijo.

-Cariño, he conseguido el empleo ¿Me has echado de menos?

-Casi nada. Respondí asustado recordando que había olvidado apagar el horno

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Un trepa en el infierno

Y nada más existió hasta el próximo tren, excepto las tinieblas que se expandían tragándose la luz. El siguiente tren volvería pasar cuando las almas malditas estuvieran preparadas. Almas que recolectaba el jefe de estación, negociadas a cambio de ambiciones para sus vidas. La mía quedó aquí sin destino porque le facilité algunas de sus victimas. Todas ellas fueron mis jefes y todas incumplieron algún mandamiento. Con sus muertes logre ocupar sus puestos. Hasta que mi secretaria cambio el café envenenado que había preparado para él presidente enviándome a esta penumbra. Mi próxima meta será, usurpar al Führer su cargo de jefe de estación.

M. Cas.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La sal de la vida

Como tantas veces había hecho de niño después de leer los tebeos, jugaba a ser un superhéroe. También quise ser un árbol, pero nunca aprendí a posicionar los brazos para que los pájaros anidaran. Solo conseguí burlas de las niñas cuando usaban mis brazos como perchas para sus abrigos. O como cuando quise ser un agente secreto que buscaba una científica que había descubrió la formula del amor. Hasta que la encontré y me case con ella. Alguna vez se burla de mí usando mis brazos de pechas. Lo que no sabe aun es que hacia el bobo por ella. Hoy termine de leer “El Quijote”

M. cas

Un día de feria

Como tantas veces había hecho de niño volví a reír con los payasos, cuando el payaso avispado le fue dar un guantazo al atolondrado y este falló haciendo un giro. Este otro, aprovechó para estamparle una tarta en cara. Aun disfruté más cuando veía reír a mi hijo con lagrimas en los ojos e intentados contarme lo que le hacia gracia. Al salir del circo me cogió de la mano arrastrándome por cada atracción de feria. Cada momento que viví me enseño que podía volver a ser feliz aunque su madre y yo no estemos juntos. Aquella noche el insomnio se esfumó y dormí como un bebé.

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