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lunes, 15 de junio de 2009

Mi mar

Era mi diluvio, pero no mi barca aunque se contoneaba como si las olas la mecieran y en sus movimientos, la sensualidad de su oleaje atraía mi mirada. Al tiempo que la brisa hacía que su aroma penetrara en mi interior, elevándome en las ansias de navegar con ella. Cuando recordé que estaba vacío, aquel diluvio en mis ojos brotó de nuevo. -¿Por qué se me fue a la deriva? ¿Por qué no quiso que mis manos guiaran sus remos?- me preguntaba- Si para mí ella es mi tesoro y el amor de mi vida.

jueves, 11 de junio de 2009

Temporales

Llovía afuera y yo sin paraguas. Me cogía desprevenida cada vez que él salía por la puerta y me quedaba pensando lo que tardaría en volver empapado. Los truenos y rayos que caían fuera, no eran lo que más miedo me daban sino las tormentas que había en casa esos días. Después de escuchar el portazo me tumbaba en el sofá y pensaba en solucionar esas desavenencias producidas por temporales externos. Luego soñaba despierta con nuestros mejores momentos vividos, convenciéndome que merecía la pena seguir luchando hasta llegar a dormitar. Seguidamente era el girar de la llave lo que me despertaba, pero esta vez... continuo soñando.

martes, 19 de mayo de 2009

Maquillando a la muerte

Entonces reconocí la mirada de la fotografía. Aquel caso me tenía perturbado, llevábamos ocho cuerpos hallados con el mismo patrón de ensañamiento. Aunque en este último había dejado esa foto que no dejaba descansar mi mente. Unos aterrados ojos verdes que llevaba examinando semanas hasta que hallé un reflejo en ellos que me intrigó. Pude deducir que era el destello de un flash y detrás de él, una casi inapreciable silueta.
-¡Si!- exclamé-¿cómo no vi antes esa imagen?
Salí corriendo al depósito de cadáveres y allí estaba el tanatopráctico inmortalizando la mirada de su moribunda víctima número nueve. (M. Cas)

El lobo feroz

Entonces reconocí la mirada de la fotografía que tantas veces me hizo sentir extraño. Ahora la tenía frente a mí mientras leía entusiasmada un cuento. Ella que había sido protagonista y ahora quedaba renegada a leer su propia historia. Todavía puedo escuchar el sonido de su voz que en halagos me envolvía cuando quería algo y con sus manos acariciaba mi pelaje. Su risa agradable y traicionera me rompió el corazón. El olvido feroz era más salvaje que yo mismo en ese cuento. Pero la tenía viva en mi corazón a pesar de que había muerto. Cuando noté que tenía frío y le acerqué su caperucita roja.

martes, 12 de mayo de 2009

La estrella de la casa

Lo mejor sería ir a por el destornillador de estrella me decía mi madre subida en la escalera. Yo entusiasmada iba a la caja de herramientas en su busca; era como ir a un supermercado de cacharros. Remoloneaba moviéndolo todo; tocando aquellas pinzas de las cejas que ahora sé que son unas tenazas; ordenando lo que para mi eran agujas y son clavos… cuando para mí habían pasado solamente segundos, oía a mi madre gritar mi nombre y diciéndome si tenía que bajarse ella a buscarlo. Pero sobretodo, lo que más me alucinaba, era pensar que yo quería ser como ella de mayor; una enfermera de la casa. (M. Cas)

La caja de herramientas

Lo mejor sería ir a por el destornillador me dije mientras pensaba que por enésima vez, estaba yo colgando el cuadro cansada de oír “mañana lo hago cariño que eso no cuesta nada”. Eso sí, cuando diesen las siete y escuchase el girar de la llave en la puerta, también me tocaría el sermón de rigor:
-Pero mujer, mira que tienes poca paciencia, te dije que lo haría hoy. Además, en el taco tienes que poner una alcayata no un tornillo. ¿Dejaste las herramientas como la última vez?
-¡Claro! y te he ordenado los cables por colores.
-Sí, ya me fijé, saltaron los plomos.

La capa mágica

Luego se fue corriendo ocultando su cuerpo con la capa que cogió del baúl. Al salir en la noche se encontró con un mendigo que le suplicó unas monedas y buscando en su capa para zafarse de él, tropezó con una bolsa llena de dinero que le dio sin dudar. Caminó hacia el bosque donde una familia buscaba algo para hacer una hoguera. Deseando ayudarles y sin saber como, de su mano salió una bola de fuego hacia la leña. Entonces comprendió que aquella capa era mágica cuando escuchó una voz que la despertaba, era su madre. Antes pidió un deseo “que fuese fiesta”.
(M. Cas)

Un anillo sin usar

Luego se fue corriendo. Por el camino iba abotonándose la camisa, ajustando su corbata y abrochando su chaqueta. Presurosamente llegó hasta la iglesia a la hora convenida y extrañado, vio que no había nadie. Fue a buscar al párroco a la sacristía y le preguntó:
-¿Qué ha pasado con la celebración donde yo era el novio?
-Sí, le recuerdo. Me avisó su novia que era posible que se despistara. ¡La boda era el domingo pasado!- contestó el párroco
-¡Es la décima vez que me pasa! Padre, ¿no le quedará algún santo al que yo pueda vestir?
-No, seguro que lo vestiría del revés.

Un roto para un descosio

-¿No le regalarías también el collar?

-Sí. ¡Calla que puede escucharte!

-Era una joya familiar que fue de mi madre y antes de mi abuela ¿Cómo has podido…?

-Quise impresionarla y que supiera que la quiero. No te apures tanto que me ha prometido que lo guardaría para nuestra hija.

-¡Hay! Si ella supiera que el collar esta echo de guisantes pintados… Elena que escuchó tras la puerta contempló la joya asombrada y salió como una leona.

-Toma tu baratija y devuélveme mi promesa, hemos terminado- dijo mientras se marchaba.

-Pero si son perlas auténticas

-Hijo, te acabo de librar de una pelandusca (M. Cas)

Ojos de gata

-¿No le regalarías también el collar?
- Sí y el conjunto de cuero también. Estoy cansada de ser tu gatita de película.
-Pero si estás tan sexy. Además, hoy te he comprado un accesorio; esas lentillas de ojos de felina que hacía tanto que buscaba.
-Creo que fue un error aunque seguro que llegan acompañadas…
El resto lo enmarcó en un cuadro para que él lo comprendiera. Lo único que quería ella, era que le regalara una rosa y le diera un beso cada mañana. Al día siguiente, los vecinos se quejaban de que les habían robado todas sus rosas y ella sonreía, al ver sus jarrones.

Paseando mi perra

¿Dónde está el perro? dijo ella asomando su mano desnuda y silbando, él acudió lamiéndola. Al poco salió con el rabo entre las patas buscando mis mimos. Mientras, ella asomó su pierna por el bastidor del baño, adornada con unas medias negras de rejilla. Dio una palmada y la música comenzó a sonar al tiempo que la luz se suavizó. Insinuantemente fue mostrando sus curvas, cuando vi que el collar adornaba su cuello y que la cadena se balanceaba provocándome sujetarla. Todo parecía un sueño. Cuando el perro ladrando nos hizo ver que teníamos que devolvérselo, pues creía que ya no le queríamos. (M. Cas)

Morgan

-¿Dónde está el perro? ¿Ya lo has devuelto? -Mamá se queda conmigo. Han pasado tres años y no lo vendrán a buscar ya. -Pues no decías que estaba temporalmente. Además, ya tienes una ¿Para qué quieres otro? -¡Me sorprende oírte decir esto! ¿Me devolverías ahora a mí? -¡Pues claro que no! Con lo que me ha costado sacarte adelante- y nos echábamos a reír. Esta conversación, que empezaba a ser idiota, sucedía cada domingo después de comer cuando tenía que irme por la obligación de salir de paseo con ellos. Además, siempre acababa igual. -Mamá, el perro se llama Morgan.

Desayuno para dos

Cerré la puerta despacio, sin hacer ruido mientras mis compañeros cómplicemente entretenían al profesor. Anduve por el pasillo sigiloso eludiendo los relucientes cristales de las puertas hasta llegar al recreo. Jamás hice algo parecido si no me hubiesen obligado. Hugo enfadado me esperaba en el patio exigiéndome, como siempre, su desayuno que de un tirón me lo arrebató. Presentí que alguien se acerba, volví la cara y vi a Lucía. Al ver lo que sucedía, decidida se lanzó contra él. Hugo la agredió sin respeto. Ni mi comida, ni mis miedos me importaron y sin pensarlo, me enfrenté a él. Desde entonces desayuno con ella. (M. Cas)

A las puertas del cielo

Cerré la puerta despacio, sin hacer ruido. No quería que me oyese Lucifer, pero después de dos horas en el infierno, quería ir al cielo a probar. Cerca de las puertas divinas divisé a Pedro, mi sorpresa fue que era Almodóvar y con una sonrisa sarcástica me preguntó si huía de Al Pacino. Mientras dudaba si me dejaba paso, llegó el arcángel Gabriel contando que el demonio comenzaba una nueva batalla. Abrí los ojos como un búho pues era Christopher Walken acompañado por mi ángel favorito Nicolas Cage. Viendo el lío formado, cogí del brazo a Brad Pitt y le pedí que me devolviese a la vida.

Afinidad

Cerré la puerta sin hacer ruido y fui a acostar a los niños. Tras contarles el cuento de la ratita presumida cayeron rendidos. Cuando bajé de nuevo y vi que estaba entusiasmado con lo que escribía. A veces pensé que me engañaba entre aquellos relatos. Al oírme pasar se giró, y me miró de arriba abajo como si quisiera revivir lo que después leería dijo.
-Tengo algo para ti. Me senté junto él mientras me leía. Todo aquello me trasportó a la noche anterior y me sentí muy querida. Al poco nos fuimos a la cama, sabiendo que sería su musa de nuevo que me sumergiría en sus fantasías. (M. Cas)

Incondicional

Cerré la puerta sin hacer ruido y fui a acostar a los niños. Regresé a la habitación donde estaba mi mujer, a oscuras. La desfiguración de su cuerpo y su debilidad, habían mermado su belleza. Al abrir la puerta, con la luz tenue que reflejaba el pasillo, vi como se arreglaba.

- ¿Te sigo atrayendo?

- Para mí siempre serás la más bella, amor- contesté mientras me desnudaba

- Abrázame, lo necesito- dijo ella como si intuyera el final de su propio mal.

-Tranquila, mañana es la última sesión de quimioterapia. Te amo.

Y la ternura de ese momento nos fundió en el sueño. Al despertar, ella había comenzado su último viaje.

Mi musa

Nos revolvía el pelo con cara de contento cuando no bebía, era como si le diera pena. Bromeaba y jugaba con nosotros, y yo hacía como que no pasaba nada. Me gustaba dibujar pero a él mis dibujos no le gustaban, decía que sólo pintaba tristeza. Quería cambiar la sensación de ellos, pero la musa que yo pintaba nunca estaba alegre. Después de terminarlos hacía una bola y los lanzaba muy lejos, como si de esa manera pudiera echar el mal. Cuando llegaba la noche y estábamos juntos veía a mi madre sonriente, entre aquellos moratones que pinté tantas veces, hasta... que él regresaba.(M.Cas)

Fidelidad

Nos revolvía el pelo con cara de contento, eso sí, nunca era un paseo igual. A veces se retrasaba por las mañanas pues sus noches eran muy largas; otras porque llegaba más tarde debido al trabajo y otras, porque simplemente se entretenía haciendo alguna tarea. Nosotros lo esperábamos ansiosos por salir y disfrutar de su compañía, dando saltos e incluso llegaba a recibir algún empujón. Una vez en la calle corríamos por llegar al campo estirándole con toda nuestra fuerza. Y siempre antes de soltar las correas enganchadas a nuestro collar nos lo revolvía. Esa era su manera de decirnos lo que nos había echado de menos.

Sueño de niños

En la puerta había una gorra negra tirada que parecía una mancha. Desde mi perspectiva y con una piruleta como lupa quise ver lo que era. Al acercarme un poquito más, me absorbió y entonces vi que era un agujero negro. No se los días que viajé por aquel tubo de chocolate cuando desperté en un jardín de flores de piruleta, nubes de algodón y mariposas de gominola. Estaba saltando y bailando cuando lo que parecía un susurro me hizo mirar al sol, deslumbrándome. Cerré los ojos y pude escuchar la voz de mi abuelo diciéndome que había vuelto a quedarme dormida en la misma parte del cuento de Hansel y Gretel. (M. Cas)

Una cena poco dispuesta

En la puerta había una gorra negra. Me descalcé y entre sigilosa rastreando cada estancia; buscándole sin encontrarlo. Cuando bajaba las escaleras escuché que aporreaban la puerta y fui a abrir. Al hacerlo descubrí que la gorra había desaparecido y en su lugar había una cabeza de gallina. Me estremeció y cerré rápidamente. Al poco una ventana chirrió, me fijé intrigada y vi como salía de ella el resto de la gallina ensangrentada, corriendo hasta que cayó fulminada a mis pies. De repente entraba mi abuelo con la gorra puesta
-¿Has visto a la gallina que maté para la cena?
-Se me ha escapado- me dijo